La mayoría de las cocinas profesionales cuentan como elemento principal en su fabricación el acero inoxidable. Este material, compuesto como máximo de un 1,2% de carbono y un mínimo de 10,5% de cromo (entre otros materiales), tiene la ventaja de ser higiénico, resistente al calor, a los golpes y a la corrosión, duraderos y, además, estético. Con estas propiedades, nos encontramos frente a un material perfecto para su uso en la industria alimentaria.

Para conservar el aspecto brillante inicial del acero inoxidable, se necesita realizar una limpieza y aclarado regular con abundante agua. La utilización de productos con cloruros, como las sales o los desinfectantes, o producto ácidos para su limpieza puede provocar pequeños destrozos a la capa protectora del material.

Otras recomendaciones a la hora de trabajar con elementos fabricados en acero inoxidable son:

  • Quitar etiquetas y el pegamento con disolvente.
  • Echar aceite de freír en el primer uso durante unos minutos para eliminar los restos de líquidos oleosos utilizados durante la fabricación del producto, posteriormente limpiar con agua y detergente líquido.
  • Nunca echar sal gorda si el agua aún no ha llegado al punto de ebullición.
  • Jamás calentar una olla vacía y emplear utensilios del mismo tamaño que el fuego.
  • Limpiar con agua y detergente líquido suave después de cada uso.
  • En zonas marítimas, aclarar con agua dulce de manera regular.
  • Secar rápidamente después del aclarado.

Con estos simples consejos, los utensilios de cocina de acero inoxidable durarán mucho más tiempo.

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